Acusan a Hacienda y al congreso de abandonar al sector cultural.

Especialistas señalaron que la cultura representa 2.8% del PIB nacional, pero recibe apenas 0.15% del gasto federal. También denunciaron obstáculos para participar en las decisiones presupuestarias.

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Ciudad de México | 13 Oct 2026 - 12:51hrs

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– En las instalaciones de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, especialistas e investigadores advirtieron que el sector cultural enfrenta precarización laboral sin precedentes, y sobre todo una absoluta falta de voluntad política para respaldar un sector que responde con 2.8% % al Producto Interno Bruto (PIB) pero recibe apenas el 0.15% del gasto federal.

Se trató de la mesa de análisis “El Presupuesto del sector cultura. Entre crisis, promesas, y desesperanza” que expuso en casi tres horas de diálogo y con crudeza, la paradoja de las políticas culturales actuales: un discurso de reivindicación simbólica que, en los hechos, opera con recortes, centralización en megaproyectos y esquemas de austeridad fiscal más inflexibles que incluso en el periodo neoliberal.

Coordinado y moderado por el investigador Bolfy Cottom dentro del ciclo “Grandes problemas de la cultura y el patrimonio cultural”, el encuentro reunió a Eduardo Cruz Vázquez, titular del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU); Paulina Castaño, investigadora del centro de análisis e investigación FUNDAR; y la periodista cultural Judith Amador Tello.

El economista y especialista en políticas culturales Eduardo Cruz Vázquez –coordinador de los volúmenes “¡Es la Reforma Cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024” y “Sucesos culturales 1988-2024”, –abrió el debate cuestionando la ausencia de una ingeniería fiscal para el sector, denunciando el temor de la administración pública a reformar las estructuras en beneficio de la cultura.

En su diagnóstico entre el discurso oficial y el ejercicio presupuestal, Cruz enfatizó:

“Los que no querían parecerse a los neoliberales no solo están muy parecidos, sino que en algunos casos están peor que los tecnócratas de la época de Francisco Gil o de Guillermo Ortíz (ambos ex secretarios de Hacienda). Es esta inflexibilidad a la que se refieren de no querer mirar más allá de cierto punto de la política fiscal porque en el fondo hay un terrible pánico a tocarla... La gran desesperanza y el gran fracaso de este régimen es no terminar de entender que la mayor parte de la economía cultural la mueve el mercado”.

Cruz incluso acentuó la disposición gubernamental de asumir endeudamiento público para infraestructura frente al desdén hacia la inversión cultural estratégica:

“Si te endeudas para hacer trenes, si te endeudas para sostener una aerolínea, ¿por qué no te endeudas para dar la inversión al sector cultural? ¿Por qué? porque no la ven al mismo nivel... Al final del camino, ¿quién paga los platos rotos? Los miles y miles de profesionales desempleados, los creadores que estudian y luego no encuentran empleo, y las comunidades que carecen de servicios básicos como bibliotecas dignas”.

Sin voluntad en San Lázaro ni Hacienda
Por su parte, Paulina Castaño, de la organización FUNDAR, detalló el seguimiento minucioso realizado al Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) y las barreras sistemáticas que enfrentan las organizaciones civiles al intentar incidir en la asignación de recursos.

Subrayó que la meta del 1% del presupuesto nacional para cultura –recomendación internacional– choca año con año contra la simulación en el Congreso:

“Desde la pandemia impulsamos la meta del 1% de manera progresiva. Vamos al Congreso, conocen los números, pero año con año lo que vemos es que no hay voluntad política. Cuando llega el paquete económico el 8 de septiembre ya es muy tarde; los únicos espacios de participación ciudadana que se abren son en septiembre u octubre, pero no durante todo el ciclo presupuestario".

En su turno, la periodista Judith Amador Tello trazó una radiografía del desmantelamiento institucional y la precarización que aqueja al INAH y al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) desde sexenios atrás. Recordó cómo la política de "austeridad republicana" comenzó con la extinción de fideicomisos derivando en el desamparo a la investigación y la conservación.

En su intervención, Amador Tello recriminó la desproporcionada concentración de recursos en megaproyectos:

“Los recortes más duros han sido precisamente en los gobiernos recientes, los de la Cuarta Transformación. Comenzó con la supresión de fideicomisos y a esto se sumó el gasto exorbitante que se hizo en el proyecto ‘Chapultepec: Naturaleza y Cultura’, cuyo costo global fue de diez mil quinientos millones de pesos, asignándole en su momento la tercera parte del presupuesto de cultura, mientras las instituciones y los trabajadores vivían en la precariedad".

Al evocar los antecedentes de las decisiones de Andrés Manuel López Obrador, la reportera afirmó:

“López Obrador, desde que gobernó el Distrito Federal, le retiró a las delegaciones políticas su presupuesto para la cultura para concentrarlo y desviarlo a la construcción del Segundo Piso (en relación al Periférico). Cuando vemos que ahora desvía recursos para proyectos como Chapultepec o el Tren Maya, no queda más que decir: pues ¿porque no les interesa la cultura?. Antonio Ramírez me dijo alguna vez: 'El gobierno debería de hacer un estudio y preguntarse sobre que quiere el mexicano para el futuro' y a partir de ahí, formular los planes presupuestales”.

Durante la ronda de preguntas, Proceso cuestionó directamente a la mesa sobre la contradicción en evidencia de datos del INEGI reportados por Castaño: ¿por qué, sabiendo y teniendo datos de que la cultura aporta hasta un 2.8% al Producto Interno Bruto (PIB) nacional, el Estado apenas le otorga alrededor del 0.15% del presupuesto federal?

Las respuestas de los ponentes señalaron el abandono deliberado del Estado en sus obligaciones públicas, reiterando que el obstáculo no es la falta de datos –los cuales se entregan puntualmente a diputados y funcionarios, año con año–, sino la falta de voluntad política de la Cámara de Diputados y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), esta última el “verdadero filtro de la política pública cultural” sin rendir cuentas ni escuchar las necesidades reales del sector.

Hacia el cierre de la jornada, el moderador e investigador Bolfy Cottom remató el encuentro con una reflexión sobre el extravío de la cultura como pilar del Estado mexicano:

“Yo creo que la cultura ha dejado de ser razón de estado, se ha convertido en una carga que tiene el estado, ya no es razón de estado porque no ocupa un lugar relevante como lo tuvo en otras épocas hablando, sin hablar de partidos. A la cultura la han convertido en un 'mercado simbólico'. Creo, que el cineasta Victor Ugalde (presente como público desde el diálogo virtual, tras hacer un señalamiento) tiene razón: estamos más neo-liberales que en la época neoliberal”.